El catecismo de UPN

Nabarralde   
El Argumentario de UPN es una suerte de catecismo para simples, elaborado de cara al 2012 y  temiendo, muy previsiblemente, la que se les viene encima. Ha sido concebido aparentemente para consumo interno del partido, puesto que, aunque se avisa de que es un instrumento para manejarse en debates y demás, la verdad es que con ese nivel de rigor y de profundización, quien acuda a un debate más allá de las puertas de la sede del partido está irremisiblemente perdido y corre serio peligro de hacer el ridículo.

Sus carencias se manifiestan a diferentes niveles. Así, a un nivel general, podemos decir que:
1. Se centra casi exclusivamente en 1512, y pasa casi por encima del resto de fechas, 1516, 1521 y 1522.
2. Dedica sus mayores esfuerzos a lavar la cara de Fernando el Católico, a quien se ensalza hasta niveles de peloteo nunca alcanzados en la historiografía navarra, aunque hace ya mucho tiempo que autores de diferentes ámbitos y procedencias han demostrado el carácter retorcido y maquiavélico del personaje. El verdadero objetivo de este argumentario parece ser demostrar la bondad de las intenciones del rey español. Es ciertamente sorprendente, y más aún de quien pretende defender las esencias navarras.
3. Ignora por completo los episodios bélicos, se centra en aspectos jurídicos y evita nombrar personajes y escenarios, para convertir la conquista en un mero cambio de dinastía, una cuestión jurídica, blandita y naïf. Ignora sistemáticamente las situaciones incómodas como Noain o Amaiur, las ejecuciones públicas y las muertes “misteriosas” de legitimistas como el mariscal y los Belaz de Medrano mientras estaban en prisión, etc.
4. Se basa en una bibliografía superada, escrita hace años ya totalmente amortizada.

A un nivel más pormenorizado, no obstante, podríamos entresacar algunos aspectos relevantes, atendiendo a un agrupamiento temático:


Bloque 1. Páginas 1-2.

A. Se defiende que el enfrentamiento entre beaumonteses y agramonteses reflejaba en realidad la división de los navarros entre  una voluntad pro-castellana y otra pro-francesa. De este modo se sugiere, de manera bastante malintencionada, que la suerte de Navarra estaba echada, y que se trataba tan solo de dirimir si en adelante seríamos parte de España o de Francia, y que los navarros luchaban entre sí por ello.

B. Se dice, de manera alevosa además, y como prueba del pernicioso “afrancesamiento” de los reyes de Navarra, que residían en Ultrapuertos, y se afirma que vinieron a Pamplona gracias a la protección que las tropas de Fernando el Católico (cfr. el Falsario) les dieron.

C. Se agarran a la teoría de la historiografía tradicional, que sostenía que la conquista de Navarra (¡ya no dicen “anexión”!) fue consecuencia de las guerras entre beaumonteses y agramonteses, o, más aún, que Fernando el Católico (cfr. el Falsario) tuvo que venir a poner orden porque Navarra era ingobernable.

A. Esto es una falsedad clamorosa. La lucha entre beaumonteses y agramonteses precede en mucho a la rivalidad franco-española. Está demostrado que las luchas se habían iniciado ya para el año 1300, y tuvieron carácter de guerra privada hasta que se inició el conflicto dinástico entre el Príncipe de Viana, al que apoyaron los beaumonteses, y su padre, que precisamente era un noble castellano (!), y a quien apoyaban los agramonteses (vaya contradicción con lo que dicen ellos…).  Como prueba de que ni siquiera el conflicto dinástico era el verdadero trasfondo de la lucha, está el hecho de que, a la muerte de ambos protagonistas (en 1461 y 1479) la lucha prosiguió como si nada. En resumen, el odio entre ambos bandos era visceral y muy antiguo, y funcionaba de manera independiente a los vaivenes dinásticos y a la política internacional. Cosa que sabe, o debería saber al menos, cualquiera que ha buceado en los archivos o que conozca someramente la bibliografía.

Los agramonteses del horizonte de 1500 nunca sostuvieron otra cosa que la independencia de Navarra, cosa que también deseaba buen número de los propios beaumonteses, entre ellos algunos de los más relevantes clanes de este bando, como los Lusa, los Mauleón o los Lasaga. La prueba de esto es que, tomando por ejemplo el caso de la linajuda familia beaumontesa de los Mauleón, uno de los hermanos de la familia, Carlos, murió en la batalla de Noain, y sus hermanos menores, Luis y Víctor, se cuentan entre los últimos defensores de Amaiur. Y la proporción de beaumonteses descontentos con la conquista aumentaría con el tiempo, como la bibliografía más reciente referida a la conquista se ha ocupado de demostrar.

B. Además, en este catecismo de UPN se oculta de manera malintencionada que, si los reyes de Navarra residieron en Ultrapuertos y no vinieron a Pamplona hasta 1494, fue ni más ni menos porque el conde de Lerín, Luís de Beaumont, controlaba la capital y se lo impedía. De hecho, los reyes no pudieron ser coronados en Pamplona hasta esa fecha y, cuando vinieron a la capital, se encontraron que Beaumont les había cerrado las puertas, y tuvieron que pasar la noche en Egüés. Esto también es muy conocido, y es la verdadera razón de que residieran durante un tiempo fuera. Así que dejarlo caer sin dar la verdadera explicación es una burda y torticera manipulación.

En cuanto a que las tropas de Fernando protegían Navarra… es totalmente inexacto, falso. La presencia de tropas castellanas en las mugas, más allá de justificaciones “ad hoc”, obedecía a la política de acoso militar y diplomático que Castilla ejercía sobre Navarra. Todo un cerco político, que incluía amenazas, incursiones militares en las fronteras y la toma de castillos. Y de forma muy especial a la protección a los rebeldes beaumonteses. Es decir, justamente lo contrario a lo que se dice en el catecismo.

C. En cuanto a la idea de que Fernando el Católico tuvo que invadir Navarra para terminar con la guerra de banderizos, es igualmente falso. Incluso en la página 2 se dice, por cierto de manera muy torpe para su argumentación, que los beaumonteses habían sido aplastados para 1507. Pues claro que sí. La guerra de banderizos está finiquitada para 1507, el conde de Lerín está desterrado y el bando beaumontés desactivado. Por lo tanto la guerra civil había terminado antes de la conquista. No en vano J.M. Lacarra, el mejor medievalista navarro, sostiene que, en los pocos años en que pudieron gobernar libremente Juan III y Catalina I, lo hicieron dando muestras de “buen juicio”. Así lo demuestra el hecho de que consiguieran cerrar un ciclo banderizo que había durado dos siglos, y que ninguno de los reyes anteriores había conseguido parar, incluidos el enérgico Carlos II y su hijo el magnífico Carlos III.

En realidad, la verdadera razón de la conquista es justamente la contraria a la planteada por el catecismo. Fue precisamente la derrota beaumontesa (junto a ciertas circunstancias internacionales) la que precipitó la invasión, puesto que Fernando el Católico (cfr. el Falsario) no estaba dispuesto a aceptar la existencia de una Navarra unida, pacificada, estable y gobernable. Por eso invadió Navarra justo cuando los beaumonteses fueron derrotados.


Bloque 2. Páginas 3-6

A: Se dedica buena parte de este tramo a justificar la conquista desde un punto de vista político. Así, se dice que habría estado motivada por una supuesta alianza anti-española de Navarra con la Francia de Luís XII. Se mencionan las presiones francesas para que Navarra se uniera a ella en su guerra contra España, y se define el tratado franco-navarro de Blois nada menos que como “pérdida de la neutralidad navarra”.

B. Se mencionan además las célebres bulas pontificias (Pastor Ille caelestis y Exigit Contumacium), en las cuales el Papa justificaría la conquista de Navarra.

C. Se habla también de la conquista militar propiamente dicha. Bueno, para ser más exactos, se dedican 11 miserables líneas a hacer el relato de la guerra.

A. Está incontestablemente demostrado que el objetivo último de la política exterior de Navarra no estaba orientado a atacar a España sino a conseguir la neutralidad. Así lo sostiene el propio Lacarra, que bautizó la estrategia de Juan III de Navarra como “política de balancín”, precisamente por ello. Es inaudito, desde un punto de vista histórico, sugerir, como en el catecismo se hace, que Navarra quisiese una alianza con Francia para atacar a España. El tratado de Blois era un tratado defensivo, no agresivo, y tan solo suponía no franquear el paso a quien pretendiera cruzar su territorio para atacar al otro, así como defenderse mutuamente. Es decir, eran los mismos términos en los que se había firmado con España el tratado de 1494, y que se cita en la pág. 1 sin que aparentemente el autor se de cuenta de su contradicción. Es decir, Navarra pretendió, en momentos diferentes y con tratados muy similares, mantener una simetría en su relación con Francia y España.

El gran problema del momento no era el tratado de Blois, ni que Navarra quisiese ser neutral. El problema era la propia figura política de Fernando el Católico (cfr. el Falsario). Así, no es ajustado decir que Fernando el Católico esgrimió la víspera del tratado una “versión” del tratado de Blois. En realidad, lo que esgrimió fue un documento que no tenía ninguna veracidad, en el cual se decían falsedades del pelo de que Navarra planeaba conquistar Gipuzkoa con ayuda de Francia. Y nada de eso figura en el tratado de Blois del 18 de julio de 1512. Fue una burda manipulación. Una más.

Pero es que, además, proponer que la conquista fue motivada por la firma del tratado es una impostura vergonzosa. El tratado se firmó en Blois el 18 de julio, y la invasión fue ordenada el día 19, cuando el Duque de Alba recibió la orden de romper las fronteras. Es evidente que las órdenes no son consecuencia del tratado de Blois. Los planes estaban trazados de antemano, se habían realizado consultas jurídicas, las rutas de penetración estaban establecidas, los soldados concentrados en Vitoria, y los peones, azadoneros, acemileros etc. contratados de antemano para esta campaña. ¿O es que alguien puede pensar que, en aquella época, fuera posible obtener la información fiable de Blois el día 18, trasladarla a la corte española, deliberar, tomar las decisiones apropiadas y enviar los correos correspondientes al Duque para el día 19, en el escaso margen de unas horas? Los autores del catecismo, al parecer, así lo creen. Y lo que es peor, pretenden que nosotros lo creamos también.

B. Otro tanto ocurre con las célebres bulas papales. Bulas que, por cierto, se expidieron a instancias del propio Fernando el Católico (cfr. el Falsario), que presionó al Papa todo lo que pudo. No se publicaron, por lo tanto, a iniciativa del propio pontífice. Veamos. La primera de ellas se extiende el 21 de julio, cuando Navarra ya había sido invadida. Y cuando, un mes después se recibió en la Península, supuso gran disgusto para Fernando, porque no se citaba de manera expresa a Navarra. El astuto y retorcido papa Julio II se le había escabullido. Las presiones continuaron y Fernando se salió con la suya más tarde, cuando la bula excomulgaba a los reyes navarros. Pero esta bula se emitió el 18 de febrero de 1513, cuando Navarra llevaba ya 7 meses invadida. Fue, pues, una excomunión sobrevenida. No fue la causa de la invasión ni legitimaba una eventual entrada española en Navarra.

Más aún. A los reyes navarros se les excomulga por su alianza con Francia, aunque se reconocía expresamente que “no se han apartado de la Iglesia”. Sin embargo, en 1513 el nuevo Papa se reconcilió con el rey de Francia, mientras que se negó a recibir a los embajadores navarros. Es decir, que no se perdonó a Navarra el “delito” de ser aliada del rey de Francia, aunqué si se perdonó al propio rey francés. ¿Por qué?, sencillamente por razones políticas, por las presiones de Fernando el Católico (cfr. el Falsario), que quería retener la presa adquirida el año anterior: Navarra.  Y para ello necesitaba que el Papa siguiera manteniendo a los reyes navarros siguieran siendo “herejes”.

En suma, las bulas papales contra Navarra no deslegitiman a los reyes Juan y Catalina, sino que desautorizan, desde un punto de vista político, histórico y, especialmente, desde un punto de vista moral, al Vaticano. Porque jugó un papel triste y vergonzoso. Y no menos vergonzoso es que, quienes hoy dicen defender a Navarra, legitimen a esta gente en perjuicio del legitimismo navarro del XVI.

C. Respecto a la conquista militar propiamente dicha, es tan poco lo que se dice en el catecismo que poco tenemos que rebatir. De cualquier manera, sí que se dibuja una estampa en la cual el Duque de Alba, situado ante las murallas de Pamplona con sus tropas, realizó a los pamploneses lo que el catecismo califica como de “ofertas bien acogidas”. En realidad, lo que el Duque dijo a los pamploneses la víspera de aquel fatídico 25 de julio de 1512 se puede resumir en 2 ideas muy claritas:
A) La rendición de Pamplona sería incondicional, es decir sin condiciones. Las palabras literales del Duque fueron que “no son los vencidos los que ponen condiciones a los vencedores”.
B) Caso de no rendirse inmediatamente, asaltaría Pamplona y sometería a la ciudad al fuego y al pillaje.
Verdaderamente, unas ofertas generosas e interesantes… Y seguro que fueron recibidas con grandes muestras de alborozo y regocijo por los gobernantes navarros, como se dice en el catecismo…


Bloque 3. Páginas 7-10

Se habla ya de la incorporación “legal” de Navarra a Castilla, abordando el tema desde varios puntos de vista:

A. Se cita al tratadista Palacios Rubios, uno de los panegiristas de Fernando el Católico, cuya obra sobre la legitimidad de la conquista de Navarra (De iustitia et iuie obtentionis et retentionis Regni Navarrae) es calificada por UPN como de “interesante obra”.

B. También se citan unos, hasta ahora inéditos, “derechos de sangre” de Fernando el Católico sobre el trono de Navarra. Verdaderamente curioso.

C. Por último, se mencionan las cortes de Navarra de 1513, en las cuales, se dice, se reconocía a Fernando como “rey y señor natural” de Navarra.

A. Ciertamente la obra de Palacios Rubios (1514) es interesante, pero no desde un punto de vista jurídico sino más bien a un nivel pintoresco. Sus argumentos a favor de la conquista se basan en fundamentos del tipo del “poder universal” del Papa, de la infabilidad (es decir, la imposibilidad de confundirse) del propio pontífice etc. Tal vez, no obstante, el argumento más curioso y definitivo, referido a la conquista de Navarra, es aquel que dice que Iñigo Arista, el primer monarca de Pamplona, era ilegítimo y no tenía derecho a reinar, porque no descendía de los reyes visigodos. Ahí es nada. Es decir, de un plumazo declaraba legal la acción de Fernando el Católico (cfr. el Falsario), poniendo en solfa y deslegitimando la propia existencia del reino de Navarra. Ciertamente, como dice el catecismo, una obra “interesante”, señores de UPN. Muy audaz para quien dice defender las esencias del Reyno.

B. No menos curioso es el tema de los “derechos de sangre” de Fernando el Católico (cfr. el Falsario) a la corona navarra. Desde un punto de vista legal, los derechos de sangre de Fernando alcanzan la astronómica cifra de “0″. En el catecismo parece indicarse que provendrían de su padre, Juan II, se supone que por haber estado casado con Blanca de Navarra, hija a su vez de Carlos III el Noble. Pero esto tiene varios problemas.
Primero. En las capitulaciones matrimoniales de Juan y Blanca de Navarra se decía de manera expresa que Juan no tenía derechos a la corona de Navarra sino como consorte, puesto que, y son palabras literales “llegaba como extranjero a la subcesión”. Por lo tanto Juan no era depositario de derechos sino como esposo de Blanca, y a su muerte estos pasaban al Príncipe Carlos de Viana.
Segundo. Si el argumento anterior desnudaba de derechos “de sangre” a Fernando, más aún, si cabe, lo hace el hecho de que Fernando el Católico naciera de un matrimonio realizado en segundas nupcias y tras enviudar de la reina Blanca. En concreto por el casamiento de Fernando con la hija del condestable de Castilla (Juana Enríquez), matrimonio que había causado gran disgusto a los navarros. Francamente, no vemos los derechos de sangre de Fernando por ningún lado.
En cuanto a los derechos por ser esposo de Germana de Foix, resulta curioso que se cite, porque Fernando casó con Germana en 1505, cuando Juan III de Albret y Catalina I eran ya reyes de Navarra y habían sido coronados en Pamplona 11 años antes… Era pues un matrimonio sobrevenido. La pobre Germana no disfrutó mucho de su intimidad marital, debido a la impotencia senil de su marido Fernando, que moriría en 1516 de un atracón de hierbas afrodisíacas (lytta vesicatoria), que le sirvieron mezcladas con testículos de toro (!). Encontraría consuelo en los brazos del nieto de Fernando, Carlos I, que se convirtió en amante de su abuelastra y con quien tendría una hija. Vaya tribu.

C) Para terminar con este compendio del catecismo de UPN, tenemos que referirnos brevemente a las Cortes de Navarra de 1513, en las que, según se dice en el catecismo, los navarros habrían aceptado a Fernando como su “señor natural”. Simplemente diremos que, para que podamos hacernos idea de la legitimidad de estas cortes, celebradas inmediatamente después de la conquista y con el único objeto de darle una apariencia de legalidad, se desarrollaron con el reino militarmente ocupado, con guarniciones castellanas en las principales localidades y con la mitad del cuerpo administrativo, político y judicial del reino huido. Ah, por cierto, y en ella solo estuvieron presentes los beaumonteses quintacolumnistas. Los agramonteses y los legitimistas no adscritos no participaron. Y si esto les parece una representación navarra muy pobre, diremos que dos años después, a la ceremonia de incorporación oficial de Navarra a Castilla, celebrada en Burgos el 7 de julio de 1515, no asistió ningún navarro, ni beaumontés ni agramontés. Cosa que también se les ha olvidado decir a los autores del catecismo.

Consideración final.

Las ideas que acabamos de expresar no son a nuestro juicio ni las más importantes ni las más significativas para demostrar el carácter violento e ilegal de la Conquista de Navarra. Son, simplemente, la necesaria respuesta, punto por punto, al argumentario de UPN.
Los conceptos más importantes y relevantes de la conquista son el contexto en el que se produjo, los hechos, los personajes y los escenarios, cosa que, evidentemente, el autor del catecismo ha evitado tocar con exactitud quirúrgica. La bibliografía reciente referida a la conquista los recoge todos estos aspectos de manera minuciosa y debidamente documentada (Esarte, Monteano, Urzainqui, Sorauren, Adot, Orella, Pescador, Oria…). Allí, el interesado encontrará información referida a la política de cerco a la que se sometió a Navarra, a la invasión militar, a los tres intentos legitimistas para recuperar el reino, a la destrucción de los castillos navarros, a la muerte del Mariscal y al envenenamiento en prisión de los Belaz de Medrano, al papel legitimista e irredento de la familia de San Francisco Javier, a la batalla de Noain, al asedio de Amaiur, a las violaciones, incendios, destrucciones y saqueos, a las detenciones, a los juicios sumarísimos y a las ejecuciones en la hoguera y en la horca de los navarros culpables de no aceptar la conquista y de resistir, en nombre de Navarra, a la agresión de Fernando el Falsario. Toda una lección para estos señores de UPN.

Un saludo y hasta la próxima.

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    Utzi erantzuna

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